Arándanuts
Aquí,
estoy sentada en silencio por primera vez en mucho tiempo. Apagué la música,
desconecté la tele. No me había dado cuenta de lo cantores que son los pájaros.
Le puse pausa al ruido y parece que le subieron el volumen a su canto. Desde mi
sala escucho las conversaciones que tienen. Qué bonito es escucharlos cantar.
Estamos verdaderamente llenos de ruido. Y aquí, sentada en silencio, me
pregunto cómo ser la hija que te mereces.
Honestly, this is not a pity party. De verdad
me pregunto cómo ser la hija que te mereces. Sé que me quedo corta, porque sólo
de ver el mazapán que me trajiste antier sé que no hago lo suficiente. Y sí me
demuestras tu amor con acciones, perdóname por haberte dicho lo contrario. Me
pregunto cómo ser la hija que te mereces. Veo los arándanos que me trajiste el
otro día y que no me había comido. ¿Por qué rompo en llanto de ver un paquetito
de arándanos? Lo que veo no son las cosas: veo la intención. Veo que te
acuerdas de mí, que me consideras, que me extrañas y que piensas en hacer algo
por mí. Y lo haces. Como las papitas que me regalaste ayer. Y yo no hago nada
por ti.
Dime
cómo ser la hija que te mereces. La voz de mi amígdala me hace sentir inútil,
insuficiente, mal agradecida. Mi lóbulo frontal no está de acuerdo: “considera
el panorama completo”. Pero no puedo. Lo único que veo es el paquetito de
arándanos. En él, veo los días en los que ya no me vas a poder regalar nada:
esos días van a constituir el resto de mi vida sin ti. No quiero que te vayas.
Quiero que sigamos peleando hasta la eternidad. Quiero que me sigas regalando
dulces que me traes después de tu trabajo y que me tardo una semana en comer,
porque soy como una ardilla y guardo la comida para el invierno. Dime cómo
hacerte saber que te amo. Las palabras ya no significan nada para mí. Entendí
que el amor no es una idea: el amor es acción. El amor se hace, se expresa, se
transforma. El amor es dinámico, poderoso, infinito. ¿Cómo puedo transformar mi
amor en acción, si nunca he aprendido cómo actuar? Aprendí a decir, a llenar de
palabras mis entornos. Ya estoy harta de las palabras. Ya no quiero más
palabras. Quiero tener la satisfacción de saber que mi amor por ti es expresado
todos los días. Pero ese es un sentimiento que no conozco. No puedo dejar de
sentirme insuficiente. Quiero que, cuando te mueras, me quede la paz de saber
que supiste que te amé todos los días.
¿Ves
cómo hago que todo sea sobre mí? A veces pienso que nunca podré transformar el
amor en acción porque para mí siempre será una idea. Ese es el peligro de las
palabras, I guess. Me asfixian las ideas. Quiero silencio. Supongo que
de verdad nos hace falta aburrirnos más seguido; ya no quiero escapar. Quiero
estar. Me abruma pensar en cómo podré asir el presente con mis manos si el
mundo en el que vivimos nos hace correr hacia el futuro, aunque no haya
realmente prisa. El momento se escapa siquiera antes de sentirlo. Y no quiero
que estos meses de verte reír se transformen en pasado. Quiero que éste sea
nuestro presente para siempre. No quiero que te vayas. Quiero ser la hija que
te mereces. No me importa no saber amar a nadie más, sólo me importa que sepas
que te amo. Y ya me acabé los arándanos que me regalaste el otro día. Ya forma
parte del pasado. Y así, también mi vida contigo formará parte del pasado. Lavo
los trastes, barro la casa. No, esto no es demostrar el amor… esto es hacer lo
mínimo. No es suficiente. ¿Y si te llevo de vacaciones a ver el mar? Sé que
amas la playa, pero hace años que te da miedo salir. Nah, eso es hacer lo
mínimo también. ¿Y si mejor me callo la boca y hago algo? No sé cómo. Me
asfixian las ideas y estoy atorada entre este texto y mi mente. No sé cómo
salir. Ayúdame a salir de mi cabeza.
¿Ves
cómo lo volví a hacer todo sobre mí? Ya no quiero ser yo. Ser yo implica para
siempre un debate existencial. Ya no quiero ser yo, sólo quiero ser tu hija.
Los pájaros ya dejaron de cantar. El cielo arrebolado me dice que pronto este
día también será parte del pasado. Ya anocheció y llegas a la casa. Hoy me
trajiste un duvalín. Y yo desperdicié otro día sin hacer nada. Ni siquiera
puedo dejar de fumar. Ni siquiera eso puedo hacer por mí. ¿Cómo espero hacer
algo por ti, entonces? Pero me ves, sabes inmediatamente que estoy triste. Te
leo este texto. Me dices que estás orgullosa de mí y que no tengo que hacer
nada para que sientas este amor. “Pero ya hiciste algo: me escribiste esta
carta tan bonita”. Pero para mí no es nada. Ya estoy harta de las palabras. Y
aquí, sentada en silencio, me dejo de preguntar cómo ser la hija que te
mereces. Porque entre tanto ruido, el presente se me quiere escapar otra vez, y
yo quiero que este momento en el que estás comiéndote los tacos dorados que te
hice y me cuentas sobre tu día dure para siempre. Quiero asir este momento,
pero se me escapa como agua entre mis dedos. Mejor me callo la boca y disfruto
la cadencia de tu risa. Ya no quiero ser yo. Quiero ser la mugre en tus
zapatos, porque así al menos me sentiré más cerca de ti. Pero mi orgullo pesa
tres toneladas; mi narcisismo, cuarenta. Y así es como volví a hacerlo todo
sobre mí. Y así es como el presente se me volvió a escapar.
Mañana
será otro día.
Happy 50th birthday, mom <3
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